Por intenciónDiez minutos
El mal de ojo: qué es, cómo saber si lo tienes y cómo quitarlo
Una mirada cargada de envidia o de admiración que «pesa» sobre alguien, sobre todo sobre los bebés. Es una de las creencias más antiguas y extendidas del mundo, y casi todas las culturas tienen su forma de diagnosticarlo y de quitarlo.
El mal de ojo es la idea de que una mirada puede hacer daño sin querer. No hace falta mala intención: la tradición cuenta que lo provoca tanto la envidia como la admiración excesiva, y por eso se dice que los más expuestos son los bebés, las embarazadas, los animales y las cosechas, todo lo que se mira con deseo. En España se llamaba aojamiento u «ojo», y en México se habla simplemente de ojo o de «le hicieron ojo» al bebé.
Esta es la forma de hacerlo que se usaba en muchas casas de España y que llegó a América: la prueba del aceite. Primero se mira si hay mal de ojo y, si lo hay, se quita en el mismo plato. Si quieres la versión mexicana con huevo, está en la limpia con huevo.
Paso a paso
- Enciende la vela blanca. Lávate las manos y lava bien el plato, sin restos de jabón (luego verás por qué importa).
- Pon agua en el plato y colócalo delante de la persona, o sobre una foto suya si no está presente.
- Moja la punta del dedo meñique en el aceite y deja caer tres gotas sobre el agua, una a una.
- Mira las gotas. Según la tradición, si se quedan redondas y separadas, no hay mal de ojo. Si se abren, se deshacen en una mancha o se juntan formando un «ojo» grande, lo hay.
- Si hay mal de ojo, traza una cruz o un círculo con el dedo sobre el plato y di en voz baja que se vaya lo que pesa sobre esa persona. Las santiguadoras rezaban aquí su oración; puedes decir la tuya o, simplemente, tu intención.
- Tira el agua, pon agua nueva y repite la prueba. Lo tradicional es repetir hasta que las gotas se queden enteras, y como mucho tres veces seguidas.
Variantes
- La limpia con huevo es la forma más común en México y Centroamérica: se pasa un huevo crudo por el cuerpo y se lee en un vaso de agua. Está en la limpia con huevo.
- En algunas casas de España se hacía la prueba con tres granos de sal o con carbones en lugar de aceite: si se hundían o chisporroteaban, había ojo.
- Para prevenirlo, la tradición más sencilla es una ramita de romero o de ruda junto a la puerta, o un frasco de protección.
De dónde viene
La creencia en el mal de ojo aparece ya en Mesopotamia y en Roma, donde se llamaba fascinatio y se combatía con amuletos. En España, Enrique de Villena le dedicó hacia 1425 un libro entero, el «Tratado del aojamiento», y durante siglos hubo saludadores y santiguadoras que lo quitaban con oraciones, agua, aceite o sal.
Cada cultura tiene su amuleto contra él: el azabache y la higa en Galicia y Asturias, el nazar azul en Turquía y Grecia, el ojo de venado con su hilo rojo en México y la cinta roja en casi todo el mundo hispano. Su historia, y la de quienes lo quitaban, está en el mal de ojo y cómo se protegía la gente.
La prueba del aceite tiene una explicación física curiosa. Una gota de aceite sobre agua limpia se queda redonda; pero si el agua o el plato tienen un resto mínimo de jabón, de grasa de las manos o están templados, la gota se extiende y se deshace. Por eso la prueba «sale» unas veces sí y otras no, y por eso conviene lavar bien el plato antes de empezar.
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