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La Hora Bruja

Brujas y tradiciones3 min de lectura

El mal de ojo: qué es y cómo se protegía la gente

Un bebé que llora sin parar, una planta que se seca de golpe, una racha de mala suerte después de un elogio. Durante siglos, en todo el Mediterráneo, la explicación era la misma: alguien te había echado el ojo.

El mal de ojo es una de las creencias más extendidas del mundo: aparece en la Grecia y la Roma antiguas, en todo el mundo árabe, en la India, en Turquía, en España y en toda América Latina. La idea es la misma en todas partes: algunas personas, a menudo sin querer, pueden hacer daño con la mirada, sobre todo cuando miran con envidia o admiración algo que les gustaría tener.

A quién afectaba

En la tradición española y latinoamericana, el mal de ojo se temía sobre todo para los bebés y los niños pequeños, los animales jóvenes, las plantas y las mujeres embarazadas: todo lo que es bonito, delicado y está creciendo. Un elogio sin añadir «que Dios lo bendiga» o «lagarto, lagarto» podía ser suficiente.

Los síntomas tradicionales en los bebés eran llanto sin causa, fiebre, decaimiento, que no quisieran comer o un ojo más pequeño que el otro. Hoy sabemos que detrás de muchos de esos «mal de ojo» había enfermedades reales, a veces graves, en una época con una mortalidad infantil altísima.

Los amuletos

La protección más extendida en España y América Latina era, y sigue siendo, el azabache: una pequeña piedra negra, a menudo con forma de mano cerrada (la higa), que se colgaba al cuello del bebé o se prendía en su ropa. Su historia, ligada a Santiago de Compostela y a las minas de Asturias, está en el azabache, la piedra negra de Santiago.

Otros amuletos populares:

  • La higa: una mano cerrada con el pulgar entre el índice y el corazón, en azabache, coral o plata. Es un gesto de protección que ya usaban los romanos.
  • La cinta o pulsera roja, atada a la muñeca del bebé o al cochecito. Muy extendida en América Latina, a menudo con una cuenta de azabache.
  • Los cuernos y los colmillos, en plata o en coral, muy típicos del sur de Italia.
  • El ojo azul de vidrio (el nazar turco) y la mano de Fátima (la jamsa), que han llegado a España por el turismo y el comercio, y hoy se ven en muchas casas.
  • La ruda, en maceta en la entrada o en una ramita, como explicamos en su ficha.

Los remedios para quitarlo

Si el mal de ojo ya estaba echado, había que quitarlo, y para eso se acudía a una persona que supiera hacerlo, normalmente una mujer mayor del pueblo:

  • El aceite en el agua: se dejaban caer gotas de aceite en un plato con agua mientras se rezaba. Si las gotas se abrían o desaparecían, había mal de ojo.
  • El huevo: muy extendido en México y en buena parte de América Latina. Se pasa un huevo por todo el cuerpo de la persona (la «limpia») y después se rompe en un vaso de agua, para «leer» si había mal.
  • Las oraciones y los santiguados: fórmulas recitadas, a menudo en voz muy baja y que solo se podían transmitir en ciertas fechas, como la noche de Navidad.

Qué queda hoy

El mal de ojo sigue muy vivo como costumbre afectuosa: muchas abuelas siguen regalando una pulsera de azabache al nacer un nieto, sin creer demasiado en ella, y muchas casas tienen un ojo turco en la entrada «por si acaso». Es una forma de protección simbólica, como un deseo de buena suerte que se puede tocar.

El mal de ojo se temía para todo lo que es bonito y está creciendo. Por eso los amuletos se colgaban al cuello de los bebés.

Escrito por el equipo de La Hora Bruja. Las fechas de la luna y las cifras están calculadas para este artículo, y los datos históricos, contrastados con sus fuentes. Cómo escribimos el diario.

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