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La Hora Bruja

Brujas y tradiciones4 min de lectura

Quemar el año viejo: los muñecos que arden a medianoche

A medianoche del 31 de diciembre, en las calles de Ecuador y de buena parte de Colombia arden miles de muñecos rellenos de papel y aserrín. Son los «años viejos»: todo lo malo del año, con cara y con ropa, convertido en ceniza.

Un año viejo, o monigote, es un muñeco del tamaño de una persona, o mucho más grande, hecho con ropa vieja rellena de papel, paja o aserrín y con una careta pintada. Representa el año que termina, con todo lo que ha tenido de malo, y su destino es arder a las doce en punto, en la calle, delante de la casa.

Cómo es la noche

Durante los últimos días de diciembre, en las ciudades de Ecuador los muñecos se venden en la calle. En Guayaquil, la calle Seis de Marzo se convierte cada año en una exposición de monigotes gigantes, y muchos tienen la cara de los políticos del año, de futbolistas o de los personajes de moda en las series y en los dibujos animados. Quemar al personaje que más te ha molestado del año es parte de la gracia.

El 31, antes de medianoche, se lee el testamento del año viejo: un texto en verso, lleno de bromas, en el que el muñeco reparte sus «bienes» entre los vecinos, los familiares y los políticos. Durante el día, por las calles y las carreteras, aparecen las viudas del año viejo: hombres vestidos de luto, con peluca y mucho maquillaje, que paran los coches pidiendo una moneda «para el entierro». Lo que se recoge suele acabar en la fiesta del barrio.

A medianoche, se prende fuego al muñeco. En muchos sitios se salta por encima de las brasas, a veces doce veces, una por cada mes, para empezar el año con suerte. En Colombia la costumbre está muy extendida, y en Pasto hay incluso un desfile de años viejos el 31 de diciembre, dentro de las fiestas del Carnaval de Negros y Blancos.

De dónde viene

El origen exacto no está claro, y circulan varias explicaciones. La que más se repite en Ecuador habla de una epidemia en Guayaquil a finales del siglo XIX, cuando se quemaba la ropa de los enfermos para evitar el contagio, y de ahí habría salido la idea de quemar lo malo del año. Otras la ven como una herencia española, de las fiestas en las que se queman muñecos para acabar con lo viejo.

Lo que sí es seguro es que tiene parientes en medio mundo. En España y en México se quema a Judas en Semana Santa; en Valencia, las fallas arden la noche de San José; en Guatemala, el 7 de diciembre es la quema del diablo, y en Inglaterra el 5 de noviembre arde el muñeco de Guy Fawkes. Y tiene mucho en común con las hogueras de San Juan, en las que se echa al fuego lo que se quiere dejar atrás. El gesto es tan antiguo como el fuego: lo que se quema no vuelve.

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Lo que se quema de verdad

Más allá de la fiesta, la quema del año viejo es un ritual muy completo: se le pone cara a lo malo, se le despide con humor y se le prende fuego delante de todos. Por eso muchas familias meten dentro del muñeco papeles con lo que quieren dejar atrás: una enfermedad, una deuda, una pena, una relación.

Una versión casera y segura

Si no vives donde se queman años viejos, o prefieres algo más tranquilo, puedes hacer lo mismo en pequeño:

  1. Esa tarde, escribe en un papel lo que quieres que se quede en el año que acaba. Una cosa por línea.
  2. Si te apetece, dibuja una carita o dóblalo como un muñequito: es tu año viejo.
  3. Un poco antes de medianoche, quémalo en un cuenco de metal o en el fregadero, con una ventana abierta y un vaso de agua al lado.
  4. Echa las cenizas a la tierra de una maceta o al cubo de la basura, y no mires atrás.

Es, en el fondo, el mismo gesto del ritual para soltar, con la fecha más simbólica del calendario.

Al año viejo se le pone cara, se le lee el testamento y se le quema. Lo que arde no vuelve.

Escrito por el equipo de La Hora Bruja. Las fechas de la luna y las cifras están calculadas para este artículo, y los datos históricos, contrastados con sus fuentes. Cómo escribimos el diario.

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