Brujas y tradiciones3 min de lectura
Por qué las brujas vuelan en escoba
La bruja con escoba, sombrero puntiagudo y gato negro es una imagen que todo el mundo reconoce. Cada uno de esos elementos tiene una historia, y ninguno es tan antiguo como parece.
La imagen de la bruja que vuela de noche hacia una reunión con el demonio se formó en Europa a finales de la Edad Media, en el siglo XV, cuando teólogos y jueces empezaron a describir la brujería como una secta organizada. Antes de eso, las hechiceras de los relatos antiguos no volaban en escoba.
La primera bruja en escoba
La representación más antigua que se conoce de una mujer volando en escoba está en un manuscrito de 1451 del poema Le Champion des Dames, del escritor francés Martin Le Franc. En el margen de una página aparecen dos mujeres volando: una sobre una escoba y otra sobre un palo. El texto las llama vaudoises, porque en la época se acusaba de brujería a los valdenses, un grupo religioso perseguido.
Desde entonces, las escobas, los palos, las horcas y hasta los animales se convirtieron en el transporte habitual de las brujas en los grabados, en los procesos y en la imaginación popular.
Por qué una escoba
Hay varias explicaciones, y probablemente todas tienen parte de razón:
- Era el objeto doméstico por excelencia, el que estaba en todas las casas y el que asociaba la brujería con las mujeres y con el hogar.
- Era un símbolo sexual para los teólogos de la época, obsesionados con la sexualidad de las brujas, y aparece con ese sentido en muchos grabados.
- Los ungüentos de vuelo. En algunos procesos, las acusadas confesaron untarse con un ungüento antes de «volar». Varios autores del siglo XVI, como el médico Andrés Laguna, describieron ungüentos de este tipo hechos con plantas como la belladona, el beleño o la mandrágora, que producen alucinaciones y sensación de vuelo. Algunos historiadores creen que esos ungüentos podían aplicarse con un palo o una escoba.
El médico segoviano Andrés Laguna, médico del papa Julio III, contó en 1555 que había probado un ungüento requisado a unas brujas con la mujer de un verdugo, que durmió treinta y seis horas y despertó convencida de haber volado. Es uno de los primeros experimentos documentados sobre el tema.
El sombrero, el gato y la nariz
- El sombrero puntiagudo se popularizó mucho más tarde, en las ilustraciones de cuentos de los siglos XVIII y XIX. Era un sombrero pasado de moda, el que llevaban las campesinas viejas, y por eso pasó a identificar a la bruja como una mujer mayor y de pueblo.
- El gato negro sí aparece en los procesos desde el siglo XV, como «familiar», el animal que acompaña a la bruja y le sirve de mensajero del demonio. En Inglaterra y Escocia, los familiares (gatos, sapos, perros) son protagonistas de muchos juicios.
- La nariz ganchuda, la piel verde y la verruga son cosa del siglo XX: la piel verde, en concreto, la fijó la película El mago de Oz en 1939.
Goya y las brujas
En España, nadie pintó a las brujas como Francisco de Goya. En sus Caprichos (1799) hay brujas que vuelan en escoba, como en el grabado Linda maestra, y en sus pinturas negras y en el Aquelarre (1798) aparece el macho cabrío rodeado de mujeres. Goya no creía en las brujas: las usaba para criticar la superstición y la ignorancia de su tiempo.
La bruja en escoba tiene casi seiscientos años. El sombrero, unos doscientos. La piel verde, menos de cien.
Hoy, en la brujería contemporánea, la escoba ha recuperado un sentido doméstico y simbólico: se usa para «barrer» lo viejo de una casa, como en la limpieza energética de la casa.
Escrito por el equipo de La Hora Bruja. Las fechas de la luna y las cifras están calculadas para este artículo, y los datos históricos, contrastados con sus fuentes. Cómo escribimos el diario.
