Oráculos y números3 min de lectura
Por qué ves un pájaro en los posos del café
Miras el fondo de la taza y ahí está: un pájaro, clarísimo. La persona de al lado ve un barco. Los dos tenéis razón, y la explicación es una de las capacidades más antiguas del cerebro humano.
Ver formas reconocibles en cosas que no las tienen (caras en los enchufes, animales en las nubes, la Virgen en una tostada) se llama pareidolia, del griego para, «junto a», y eidolon, «imagen». No es un error ni una rareza: es una capacidad que todos los cerebros humanos tienen y que tiene mucho sentido para sobrevivir.
El cerebro ve caras antes de pensar
Un estudio publicado en 2009 por el equipo de Nouchine Hadjikhani en Boston midió la actividad cerebral de personas que miraban fotos de objetos con aspecto de cara, como una fachada con dos ventanas y una puerta. La zona del cerebro especializada en reconocer rostros se activaba en unos 165 milisegundos, casi tan rápido como con una cara de verdad, y antes de que la persona fuera consciente de lo que estaba mirando.
Para un animal, es mejor confundir una sombra con un depredador que confundir un depredador con una sombra. Por eso el cerebro prefiere equivocarse viendo de más: completa formas incompletas y las convierte en algo conocido.
De Leonardo a Rorschach
Mucho antes de la neurociencia, los artistas ya lo sabían. Leonardo da Vinci aconsejaba a los pintores, en sus notas sobre pintura, mirar las manchas de humedad de las paredes y las piedras de colores, porque en ellas se pueden descubrir «paisajes, batallas, figuras y caras extrañas» que sirven de inspiración.
En 1921, el psiquiatra suizo Hermann Rorschach convirtió esa idea en un test: diez láminas con manchas de tinta simétricas, en las que cada persona ve cosas distintas. Su valor para diagnosticar se discute mucho hoy, pero la idea de fondo es la misma que la de los posos: lo que ves en una mancha dice algo de quien mira.
Lo que esto significa para leer la taza
Si la forma de los posos depende en parte de tu cerebro, leer la taza no consiste en descifrar un mensaje escondido en el café, sino en prestar atención a lo que tu mente elige ver. Y eso tiene consecuencias prácticas:
- No hay una lectura correcta. Dos personas verán formas distintas en la misma taza, y las dos lecturas valen. En Turquía, de hecho, la tradición es que la taza la lea otra persona, que aporta su mirada.
- La primera forma es la buena. Lo que ves en los primeros segundos, antes de pensarlo, es lo más interesante: es lo que tu cerebro ha completado solo.
- Fíjate en lo que no buscas. Si te preocupa el trabajo y ves un barco, la pregunta no es qué significa el barco en un diccionario, sino por qué tu mente ha sacado un viaje justo ahora.
- Gira la taza. Las formas cambian con el ángulo. Lo que de frente es un pájaro, girado puede ser una mano.
Un ejercicio para entrenar la mirada
Antes de leer los posos, prueba esto con las nubes o con una pared vieja: mira durante un minuto sin buscar nada y deja que aparezcan las formas. Después, nombra tres. Con la práctica, verás formas más rápido y con más detalle, que es exactamente lo que hace quien lee bien los posos.
En los posos no ves lo que hay: ves lo que tu cerebro completa. Por eso cada taza dice algo de quien la mira.
El método para preparar la taza, las zonas que se leen y un diccionario de más de sesenta símbolos están en la página de los posos del café.
Escrito por el equipo de La Hora Bruja. Las fechas de la luna y las cifras están calculadas para este artículo, y los datos históricos, contrastados con sus fuentes. Cómo escribimos el diario.